Queremos tanto a Tina

Por Lucía Aguilera

30 Rock es una de las comedias más destacadas de los últimos años. Creada, escrita y protagonizada por Tina Fey, hace gala de su admirable talento, deja notar su pasado en Saturday Night Live, y hace delirar de risa con cada entrega.

Encontrarse con algo demasiado bueno no es usual, pero tampoco tan lejano. Evoquemos, por ejemplo, una comida deliciosa, cada componente es tan bueno -la materia prima, el modo en que fueron preparados, la cocción justa- que la descripción de eso difícilmente se ajuste a la experiencia sensorial.

Se habla tanto de la TV basura, de los productos copiones, mediocres y sin ideas, que 30 Rock funciona como ese plato al que las palabras no logran hacerle justicia. El nombre no es más que la abreviatura de 30 Rockefeller Center y es en el piso 30 de ese edificio neoyorkino donde se desarrolla todo. La tira cuenta con la gigante Tina Fey (histórica de Saturday Night Live) como columna vertebral: no sólo la protagoniza, sino que es dueña de la idea y su principal guionista.

Liz Lemon, el personaje que Tina interpreta es ¿casualmente? la jefa de escritores de un cuestionable programa cómico, que transcurre en ese piso 30, llamado The Girlie Show.
Si: es televisión hablando de la televisión. Una ficción compuesta por muchas referencias reales fusionando con genialidad ambos mundos. Lemon tiene 40 años, es solitaria, cuenta con problemas en su vida amorosa y con sus vínculos sociales en general. Es una geek fanática de Star Wars, los realities como Top Chef, amante de la comida chatarra, despreocupada por su aspecto personal y dedicada absolutamente a su trabajo.

A su existencia patética llega por un lado Alec Baldwin, quien se luce impecablemente en la piel del republicano y conservador Jack Donaghy: el nuevo gerente de la NBC que se convierte en jefe de Liz. Y por otra parte, se incorpora al show el excéntrico e irracional actor Tracy Jordan.

A partir de aquí el caos es completo y el trabajo de ella, además de coordinar los guiones, es luchar a diario con las contingencias que se presentan permanentemente: responder a las demandas de la actriz pricipal Jenna (amiga de la infancia de Liz, narcisista y desequilibrada), calmar la guerra de egos entre los actores y cargar con la presión de su superior

Mientras Liz mantiene en pie el programa, Jack la reconoce como un completo desastre y se pone al hombro la enorme tarea de ser su mentor, no sólo en el plano laboral, sino en la comedia de errores que es su mundo personal. Con pasión quiere hacer lo que considera lo mejor, cuestionando desde la ropa que usa, hasta sus inversiones, pasando por el empleo de su tiempo libre, su dieta y sus vínculos de pareja. La analogía alimenticia del principio, es muy oportuna, aunque lo duden.

El programa tiene muchos personajes: un médico cuyo apellido es Spaceman, quien parece ejercer ilegalmente su profesión, un botones campesino, ingenuo y ultracristiano dispuesto a trabajar como esclavo al servicio de todos, el novio travesti de Jenna, la novia congresista demócrata de Jack, los escritores sociópatas y subnormales y el troglodita novio de Liz, entre otros. Algunos de ellos con apariciones cortas, y otros estables. Esto suena a una mezcla ridícula cuando se lo describe aleatoriamente. Cada uno de ellos es exagerado en uno o más rasgos de sus personalidades, pero está tan bien escrita, y tiene un ritmo tan bueno, que esta suma da como resultado una de las mejores comedias de los últimos años.

Si bien el coprotagonismo Baldwin-Fey es extraordinario, todos los actores se lucen y cada uno de esos personajes absurdos, casi al borde, están logrados de una forma estupenda, al igual que el trabajo con los recursos. Es habitual el uso del flashback, el cual nos permite conocer la historia de cada personaje y lo que hay detrás de sus hábitos, dando indicios de dónde surgieron algunos rasgos de sus particulares personalidades, explicando sus conflictos y terminando de cerrar conceptos. Lo mismo sucede con los invitados, muchos famosos aparecen haciendo en algunos casos de ellos mismos, o poniéndose en otra piel (el capitulo 3×22 es una muestra excepcional de esto).

Cada elección es una suma positiva para un programa que opera en muchos niveles: muestra la fluidez con que desarrollan cada personaje, los diálogos son perfectos, corrosivamente se burla de la industria del entretenimiento sin caer en obviedades, saca a la luz los prejuicios del imaginario norteamericano, hace referencias permanentes a la cultura de masas, la política anti-Bush y la locura visual para llevarlas a lugares imposibles.

Puede que en parte haya vuelto mi recargada devoción por la comedia, y claro que los aliento a verla ya mismo, pero también sé que no me excedo al decir que 30 Rock expone con maestría un modo de hacer un show absurdo sin caer nunca en lugares comunes, agotarse o desgastarse en sí mismo.

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