Pintura familiar

Por Pablo Andrés Bobadilla

Mario y Sebastián Roitter exhiben sus obras en la muestra Padre e hijo. El 11 de diciembre, desde las 21hs con pan y vino para los asistentes, se realizará el cierre en La galería de enfrente, Las Casas 4095, Boedo.

“Una obra que necesita explicación es como un hijo bobo que no sabe defenderse”, dice Sebastián Roitter, mientras sostiene un vaso de vino y una charla sobre arte conceptual con un amigo sueco, parado en la vereda de La galería de enfrente, bajo las hojas de una enredadera que hace que esa esquina de Boedo parezca un viñedo mendocino. Estamos en la inauguración de Padre e hijo, la primera muestra conjunta que realizan Mario y Sebastián Roitter, que intercala obras de ambos. El público y los pintores van y vienen de una esquina a la otra, cruzando la calle está el restaurant Pan y Teatro, propiedad del mismo dueño de la galería, Germina Marínl, un amigo de Mario, como él, nacido en Mendoza.

Dentro de la galería, la obra que abre la muestra es del Padre y es hija de otro artista, se titula Tamayo en Boedo, son unos gajos rojos sobre un fondo azul y remite a Rebanadas de Sandía, del pintor mexicano Rufino Tamayo. Mario señala: “Me interesa el color por sobre la forma, de manera que durante mucho tiempo mi principal reflexión previa era: con cuál color voy a trabajar… Distintos temas han aparecido sosteniendo este enfoque como el cuerpo de mujer, lo urbano, la vegetación, las letras y los signos. En general mi paleta es bastante ecléctica pero tiendo hacia los cálidos en general”.

Si bien tienen rasgos similares, la sonrisa amplia, la mirada cristalina, los Roitter se diferencian corporalmente y en los bastidores, el hijo es más alto que el padre, su sombra es más larga y sus cuadros más oscuros: gran parte de sus obras expuestas forman parte de la serie “Revisitando los Painting Masters”, que fue iniciada con citas a Caravaggio y Rubbens. “Me gusta la tonalidad, hice street art, probé con los aerosoles, pero prefiero los pinceles”, dice Sebastián, que estudia Diseño Gráfico en la UBA.

Los cuadros del padre son cálidos, mayormente la paleta elegida incluye rojo, naranja, amarillo, con ámbitos azules, algunas formas no figurativas se repiten como patterns, como en la obra Panera, que estalla en color, colgada frente a una pila de leña ubicada bajo la escalera que lleva al subsuelo de la galería. Padre e hijo exhiben un retrato cada uno. El de Mario es una figura pálida, celeste, sobre un fondo azul y está fraccionada en forma de díptico, el de Sebastiánde pinceladas minuciosas, se titula Sueño de infancia. Los cuadros del hijo tienen un aire impresionista, Sebastián plasma paisajes oníricos con tono post apocalíptico, torres, murallas, afluentes, figuras corales.

Padre e hijo dan versiones distintas de la relación de la familia con el arte. Sebastián comenta: “Mi bisabuelo se volvió a Rusia porque en Argentina no había carne kosher. Dejó a los hijos que tuvo acá y se volvió. Brutal. Mi abuelo era peluquero y, hasta nosotros, era lo más cercano a un artista en la familia”. Mario nació en la ciudad de Mendoza en 1953 y vivió allí hasta 1977. Es el más chico de los tres hijos que tuvo el peluquero Roitter. Por pedido de la familia estudió Ciencias Económicas y se recibió de Economista, detalla: “Siempre me sentí atraído por la pintura. Mi padre fue peluquero y mi hermana es profesora de artes plásticas así es que las artes han rondado a la familia. Cuando estudiaba los economistas no estaban de moda y ni siquiera existía como carrera independiente, tenías que hacer tres años en común con los contadores. Cuando me aburría de prepararme para los exámenes, pintaba algo. En 1989 comencé a asistir al taller de Teresa Acuña durante tres años. Posteriormente fui al taller de Juan Fontana hasta el año 2001. Actualmente tengo mi propio taller y he participado en los últimos años de las actividades del taller de Félix Rodríguez (Taller de Thames)”.

Influencia

Sebastián Roitter Pavez es el único hijo de Mario y nació en 1988 en Buenos Aires. Ambos desarrollan su obra en paralelo, pero han recorrido juntos un largo camino estudiando pintura. “Sebas y yo pintamos por separado, sólo en algunas oportunidades hemos pintado juntos. Nos mostramos mutuamente las obras en proceso y confío mucho en las sugerencias de él. Me gusta su pintura y esa medida puede influenciarme aunque tenemos paletas y enfoques diferentes. En mis primeros años en la pintura Sebas me acompañaba algunas veces al taller de Juan Fontana y trabajaba en forma bastante independiente para su edad, además yo siempre llevaba múltiples recursos (plastilina, arcillas, crayones, lápices, etc) para que pudiera variar las actividades ¡y me dejara pintar!”

Sebastián añade: “Empecé a pintar cuando tenía 11 años, en un taller para chicos que daba una ilustradora infantil, Mónica Weiss. Hubo un tiempo en el que dejé de pintar, como entre los 13 y los 17, pero siempre seguí dibujando. Cuando terminé el secundario no sabía muy bien qué quería hacer, probé un curso intensivo de un fin de semana con Martin Kovensky que fue muy clarificador. A partir de ese momento me empecé a dar cuenta de que lo que yo hacía iba en serio. Era lo que yo quería hacer, dejé el CBC de Psicología y me puse a estudiar pintura en distintos talleres con grandes tipos como Héctor Meana, “El Oso” Smoje, Jorge Pietra, ellos me enseñaron no sólo la parte técnica que necesitaba para desarrollar un lenguaje, si no que me impulsaron a seguir por esta vía menos tradicional”.

Si tu padre te alentaba a pintar, ¿por qué no elegiste estudiar Bellas Artes?

Sebastián: Nunca se me cruzó por la cabeza ir a estudiar a una escuela de arte, yo ya tenía un qué decir y lo que necesitaba eran algunas reglas “sintácticas y ortográficas”, aspectos formales, para empezar a “decir” con propiedad y que el mensaje fuese claro, eficaz. Decidí estudiar diseño gráfico porque además de pintar, quiero dedicarme a ilustrar. Me pareció que la carrera de diseño tenía muchas herramientas para aprehender en la producción del discurso visual, además de una alta cuota de oficio editorial, de rigurosidad en los encargos que yo ansío tener. El diseño publicitario no me interesa para nada pero si hay algo genial que tiene la UBA es que la libertad de cátedra generó una enorme multiplicidad de maneras de decir y de utilizar las herramientas gráficas que están a disposición.

Con mi viejo, “Marito”, nos une mucho el gusto por la pintura. Nos consultamos bastante, yo además siento que mis viejos me bancan en lo que elegí, intento mostrar hacia dónde va la cosa, para que no pierdan el hilo y vayan conectando mentalmente las obras, me parece que eso lo hace más interesante también para ellos como padres. Marito alquila un taller con otro dos socios, soy muy afortunado de poder contar con ese espacio que uso tanto para pintar como para hacer cosas de la facultad.

Mario, tu trabajo como economista te ha permitido viajar y vivir en diferentes países ¿Estos viajes nutrieron de alguna forma tus intereses artísticos?

Mario: Sí, muchísimo, los viajes a grandes ciudades como Nueva York, Chicago, San Francisco, París, el contacto con la naturaleza, las hojas, los cactus en Venezuela, Brasil y México. Este año estuvimos con Sebas 10 días en Nueva York. Nos recorrimos todos los museos y caminamos todo lo que pudimos, además fuimos a ver un partido de los NY Knicks en el Madison

Sebastián: El viaje a NY lo planeamos juntos y resultó una experiencia increíble, muy fuerte. Mi obsesión con esa ciudad llegó a otro nivel, es realmente muy fuerte lo que sentí cuando caminaba por esas avenidas, era como estar en la Roma del siglo II. Concentré mi viaje en la pintura, visité más que nada museos, muy pocas galerías. Vi pintura clásica, moderna y contemporánea, inclusive me abstuve de entrar en los pabellones de historia del Metropolitan.

Tracé una genealogía de pintores hasta el presente, todos los elementos estaban ahí, en las paredes. Traté de aprender de los grandes maestros. Antes de viajar yo había realizado una serie de más de 30 ejercicios de claroscuros con la intención de fortalecer los aspectos más formales de mi pintura. Era una serie de cuadros en acrílico. Cuando volví de NY me di cuenta que todos los grandes de la pintura habían pintado en óleo. Me dije a mí mismo que yo no iba a ser menos. Compré óleos con la idea de la abandonar la seguridad material que me brinda el pintar al acrílico. En Nueva York tuve la oportunidad de ver a grandes maestros para mí como Frans Hals, Rubens, Caravaggio, Rembrandt, Otto Dix, Max Beckmann, Egon Schiele, toda el ala impresionista del Met es increíble, Leon Bonnat, Francis Bacon, Lucian Freud, Philip Guston, entre otros. Vimos mucha pintura en ese viaje y creo que las cosas que charlamos tuvieron mucho que ver con esta muestra que hicimos juntos.

Sonido y sentimiento

Mario cuenta que cuando pinta escucha principalmente jazz, blues, música brasilera y, a veces, folklore argentino o tango. Sebastián ocasionalmente musicaliza eventos con unos amigos y declara: “Es fundamental la música para pintar. Hay una frase que dice “la imagen puede trasmitir una idea, pero el sentimiento viene con el sonido”. Y creo que hay algo de verdad ahí, tiene que ver con un clima que te conecta con una energía de algún tipo que es necesaria para crear. Porque el arte es un acto creador, es la voluntad de poder, donde había un cuadro en blanco ahora hay algo. Escucho música muy heterogénea, desde J.S. Bach hasta los Rolling Stones, desde los Talking Heads hasta Compay Segundo pasando por Charly y llegando hasta la música Disco, Funk y Hip Hop. No me gusta el ruido, si hay melodía eso ya es algo”.

¿Podrían nombrar una persona o una lista de personas cuya obra los inspire?

Mario: El expresionismo abstracto en general: Kandinsky, Motherwell, De Kooning, Rothko.

Sebastián: Me parece que mis cuadros se inspiran tanto en mis referentes en la pintura, como en la música y la literatura. Mi escritor número uno es J. G. Ballard, y creo que él está presente en mi serie de paisajes, y siempre va a estar ahí, son de esos escritores monumentales que te marcan para toda la vida. Ahora sigo con mi serie de perspectivas interiores, concepto que tomé del mismo Ballard, y estoy tratando de crear un universo de topografías que sean verosímiles, que sean oníricas pero que tengan algo muy familiar, subconsciente, cielos y espacios abiertos, cargados de luz, la luz quizás como único habitante de estos paisajes.

Para más información:

www.sebastianroitter.blogspot.com
www.panyteatro.com.ar

 

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