El pirata de la cámara

Por Mano Leyrado

En pocos años, Julián “Orco” González documentó durante sus viajes algunas de las ciudades más destacadas en el desarrollo de la cultura humana, el resultado se puede ver en su ópera prima “Amazigh”. Mano Leyrado nos introduce en el mundo de este joven cineasta marplatense.


Es jueves, 22:30, recién salgo de clases, recibo un mensaje en mi celular, Orco dice “Te espero en la puerta” e inmediatamente recuerdo uno de los primeros consejos que él mismo me brindó “cuando vas a dar una grata sorpresa, no avises, andá directo al hecho sin avisar”. Hace ya algunos días estuvimos coordinando para hacer la entrevista, pero Julián, más conocido como orco, se la pasa viajando, y al otro día sale hacia la ciudad de Córdoba, un destino cercano si es que lo comparamos con sus viajes anteriores.

Al bajar del auto Orco comparte su particular estilo, una yantas deportivas y campera gigante, entre de señora mayor de vida dichada y mafioso de turquía, contrastan con auténtico posmodernismo, mientras un brillante verde brilla en su anular. Subo al coche y me ofrece ir a comer a un lugar que desconozco. Al rato me encuentro en un bodegón español, colonial, paneo de lado a lado y percibo un reducido número de mujeres en las mesas, una escalera de madera que desciende al salón me hace sentir que en cualquier momento bajará un grupo de chicas en fila a mostrar sus pantis, y si no es eso, será El Zorro para colgarse de la cargada araña que cuelga del techo.

El sitio elegido no parece una casualidad, por obra del destino, o aun no sabemos de qué, Julián González, “Orco”, viajó siempre cámara en mano visitando las tierras donde se construyó la sociedad.

Todo comenzó hace ya casi diez años, oriundo de Mar del Plata, habiendo pasado por la ciudad de La Plata para estudiar cine, Julián terminó en Buenos Aires. Allí surgió la posibilidad de ocuparse de la cobertura de los viajes que realizaba una reconocida marca de ropa a través de países exóticos del mundo. Junto a Matías Camisani, Fernando Portabales y el “Chino” Zavalia formaron un pequeño pero muy suficiente equipo con el que recorrieron países como India, Japón, Egipto, Turquía, Jamaica. Sin manejar más que el castellano, Orco empezó a desplegar su capacidad para comunicar con su cámara, con la que retrató una cotidianeidad ajena a los videos turísticos.

“¿Qué onda lo de la entrevista?” me dice Julián, a lo que respondo, “¿Arrancamos?”, “Dale”… “¿Cómo fue que comenzó la relación con los viajes y la cámara?” le pregunté para ir calentando motores, “En un momento andaba mucho en bici haciendo trayectos largos, siempre pensaba en comprar una cámara para documentar el viaje”, respondió. Algo parecido a lo que hace en la actualidad, ahora viaja con un grupo de skaters -una actividad que lo acompañó desde chico-, para estos casos se encarga de la cobertura para ESPN, en este contexto viajó también a Estados Unidos, Brasil y Uruguay.

¿Y de dónde sentís que viene este destino? ¿está con vos desde antes?

Mi abuelo era un tipo humilde, durante un tiempo fue suboficial de a bordo, asi que viajó mucho por el mundo, imaginate que no sabía nadar, estamos hablando de los 40′s, 50′s. Un día decidí tatuarme un barco en su representación, y a partir de allí comenzaron mis viajes, increíble. Orco se arremanga y deja ver sobre la parte interna de su antebrazo la figura de un gran barco de vela, en el mástil superior, flamea la bandera pirata.

De cualquier manera, creo que todavía no termino de entender todo, muchas veces la gente es la que me hace dar cuenta de las cosas que hice.

Su film “Amazigh”, según él no finalizado, recorre escenas de sus viajes, Orco sabe poner el ojo de la cámara en entornos sociales, como si pudiésemos ver a través de una rendija sin que sepan que estamos, como si fuésemos amigos de cada persona que nos habla, él logra mágicamente teletransportar al espectador al lugar donde estuvo, transmite los olores, las temperaturas, como si retratara el alma de las personas. En “Amazigh” podemos hacer un viaje por el mundo en minutos, “Es impresionante cómo el mundo gira y todo el tiempo están pasando cosas distintas, y eso es un poco lo que quise reflejar en la película”. Además, estuvo en ciudades de mucha historia, muy importantes para la cultura humana. “Lo que más aprendí es cómo cada cultura tiene una mirada, costumbres, todo depende del lugar desde donde lo veas, yo debía adaptarme a esos ritos y pensamientos que tiene cada una”.

¿Y cuales fueron las culturas en la que sentiste que tenías que hacer más esa adaptación?

En Japón las relaciones son totalmente distintas, podés estar viendo charlar a dos tipos como si no se conocieran, y resulta que son amigos hace mucho tiempo. Pensá que allá un japonés puede despertarse a la mañana y hacer durante el día todo lo que tiene que hacer, volver a la noche, … y tal vez, no habló con nadie desde que salió hasta que se fué a dormir. Hay otra relación con el cuerpo de las personas, si llegás a tocar a alguien la estás invadiendo, hasta podés tener problemas con la ley. Así fue que casi termina preso, en Japón, luego de intentar ayudar a una chica que se había caído andando en bicicleta, sin pensarlo la ayudó a levantarse causando conmoción, y ante su imposibilidad para comprender el idioma, se ganó una -por suerte- fugaz visita a la comisaría. “Casi pierdo el viaje, porque salía al otro día, igual era lo de menos, yo estaba sentado y veía como se asomaban las cabecitas de los policías que venían a chusmear, no entendían de qué planeta venía”.

Orco hace una pausa, brindamos con nuestras copas de vino, toma un trago y continúa…

Otro lugar donde también sentía que estaba muy alejado de mi cultura fue en la india, es que allá tienen un sistema de castas muy impuesto, mas allá de la revolución de Gandhi. Un tipo que nace en una familia de alta sociedad no puede ni tocarse con alguien de abajo, hay personas que no tienen siquiera el derecho a trabajar, porque su alma aún está pagando el karma de los errores de su otras vidas, igual, tampoco es muy lejano al capitalismo liberal...

El sistema de castas es una estratificación social milenaria en la cultura hindú, para ellos el alma toma el cuerpo en el que nace a partir de los errores y enseñanzas de sus vidas pasadas, por eso cada familia es parte de un orden. A partir de allí se empiezan a dividir desde los sacerdotes, científicos, guerreros, hasta personas que viven en la calle, imposibilitadas de trabajar o tocar a alguien de una casta mayor.

Igual, por otro lado, me han pasado cosas muy especiales allá, yo no podía hablar con nadie, por el idioma, sin embargo participé de varios rituales. Por algún motivo, luego de ese viaje no pude volver a comer nunca más carne, pareciera que cierta información logra transmitirse trascendiendo el habla. La comida llega a la mesa y nuestra conversación se vuelca a lo filosófico, entre ideas apolíneas y dionisíacas.

Luego de tantos viajes Julián intenta quedarse más en Argentina, es que “tantos viajes, sin poder elegir cuándo y cómo uno viaja, también trae sus cuestiones”, preparará Me quedo contigo un nuevo film donde expone su experiencia “callejeando” por la ciudad.

¿Esta nueva película surgió por la necesidad de estar más acá o viceversa?

No lo había pensado, puede que sea, la película tiene mucho de mí. Tal vez necesitaba hacer algo autorreferencial para empezar a ocuparme de mis cosas. Su sonrisa deja ver su diente dorado, lo que me hace pensar aún más que los aventureros de altamar… siguen rondando estas tierras.

Para más información:
www.instagram.com/orcovideos

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