Constanza muere

Por Sofía Castaño

Un asno, una anciana, una niña misteriosa, parecen figuras intercambiables con La Muerte, la vida y la canción. Éstos son algunos de los personajes y temas que visitó Sofía Castaño en la obra Constanza muere, para la nueva reseña de muyricotodo*.

Tengo la sospecha de que cualquier análisis que haga de Constanza muere (escrita y dirigida por Ariel Farace) estará contaminado, porque desde que fui al teatro me quedé prendida de un solo detalle, un momento casi insignificante, que tiñe para mí la percepción de todo lo demás. Por eso, intentaré ser objetiva. Se trata de una obra donde Constanza, una anciana, está a punto de morir y en efecto muere en el living de su casa, en compañía de su amigo Lucio, un asno que además es la Muerte, y una nena misteriosa que parece tener cierto poder sobre Lucio (y entonces quizá sea ella la Muerte). Pero en realidad, no: se trata de una obra donde Analía Couceyro, una actriz que obviamente no es una anciana, Matías Vértiz, un actor que obviamente no es un asno (ni, suponemos, la Muerte) y Florencia Sgandurra, una música que obviamente no es una nena, se reúnen en un escenario (que no podría ser la casa de nadie) donde charlan, recuerdan, leen, bailan y hacen música alrededor del tema de la muerte. Nos encanta creer en la ficción, pero cuando los actores se ponen y se sacan las máscaras, cuando una anciana finge morir o finge ser otra actriz, cuando la escena no intenta parecerse a nada, esa fe se vuelve más difícil de sostener. Perder la ficción significa ganar en simbolismo, en multiplicidad de sentidos; el juego se complejiza y se vuelve más interesante. El problema de dejar de creer en la ficción, es que si se ve al actor que se esconde en el personaje también se ve al público que se esconde en la platea. En Constanza muere parece inevitable vernos a nosotros mismos, riéndonos, escuchando y pensando en la muerte. Y nosotros no queremos tener nada que ver con la muerte.

El detalle del que me quedé prendida es éste: Constanza conoció a Lucio en su juventud y desde entonces no se separaron. Un asno como mascota fiel puede resultar muy tierna, pero la Muerte como presencia ineludible no tanto. Ese detalle (y el hecho de que la anciana no es anciana) me impidió ver a la Constanza que está a punto de morir, y en el lugar del protagonista ubiqué a la Muerte como compañera, como elemento inseparable de la vida.

No soy filósofa como para ponerme a elucidar si, en nuestra vida, la muerte está presente como amenaza, como advertencia, o por el hecho de que cada pérdida significativa es una especie de muerte. Sólo puedo decir que en esta obra Constanza no se encuentra con la muerte recién cuando se va a morir, sino que la conoce desde hace tiempo. Ese dato, lo podemos dejar a un costado, como un elemento más en un espectáculo que según quien lo observe puede resultar más tierno, más divertido o más conmovedor. O podemos tomar ese dato como centro de todo y preguntarnos de qué forma, aunque ni los actores ni los espectadores somos una anciana a punto de morir, la muerte es nuestra constante compañera.

Constanza muere
Autor y director: Ariel Farace
Actores: Analía Couceyro, Florencia Sgandurra, Matías Vértiz
Teatro: El Portón de Sánchez, Sánchez de Bustamente 1034
Contacto: 4863-2848
Entrada: $140/$90
Jueves 22 hs y Viernes 21 hs.

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© Maia Verona
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© Renato Mangolin
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